No es raro en las comunidades antiguas que se vayan sucediendo diversas reformas del hogar de diferentes vecinos. Cada uno va actualizando el interior de su casa conforme lo ve necesario o dispone de medios para ello. Poco a poco lo que se va quedando pendiente son las zonas comunes y particularmente las fachadas.

Las fachadas, delantera y trasera, no son solo la imagen del edificio y lo revalorizan sino que son también una parte importante del cerramiento de cada vivienda que influye mucho en su aislamiento. Gran parte de los esfuerzos que se hacen por actualizar el consumo energético de una vivienda requiere intervenir en la fachada. ¿No sería mejor plantear un plan conjunto de mantenimiento y modernización del que las reformas individuales pudieran aprovecharse?

El arreglo de la fachada va mucho más allá del acabado o la pintura. Sin duda, para evitar humedades es importante cuidar ambos pero también es necesario revisar las cornisas, los dinteles y los goterones para dirigir el agua fuera de nuestro edificio. Puede incluir un plan de renovación de carpinterías que mejore el aislamiento térmico y acústico a la vez que las integra correctamente en los huecos para que queden bien instaladas. Puede revisar los aislamientos existentes y disponer los más adecuados de forma continua eliminando los puentes térmicos. Puede revisar los anclajes de los balcones y prevenir desprendimientos. Todo ello son cuestiones que, abordadas parcialmente desde las reformas del hogar, quedarán mucho peor resueltas que desde una actuación conjunta.

Una actuación conjunta no significa que deba abordarse todo de una vez. Podemos prever fases y etapas progresivas para beneficiarnos de precios conjuntos sin afrontar todo el gasto de golpe. De esta manera el mantenimiento de las fachadas redunda en beneficio del edificio a la vez que permite aprovechar mejor las reformas del hogar que vayan acometiéndose.